La Actitud Contratada

A veces perdemos la perspectiva. Hoy en día –ustedes me entenderán‐ las Hojas de Vida (CV) inundan las oficinas de recursos humanos con cada oferta, y los jóvenes intentan hacerse hueco en el tortuoso camino del primer trabajo a golpe de forrar páginas enteras con seminarios, masteres y cursos de” podología agropecuaria”. El razonamiento es el siguiente: A más formación académica, mejores posibilidades tendré de encontrar trabajo. ¿Verdad? No me malinterpreten, no le quito hierro ni razón al asunto, que lo tiene.  Sólo que, en muchos casos, nos quedamos en lo académico para olvidarnos completamente de lo esencial: La persona.

No sé donde escuché la siguiente historia: Una empresa necesitaba un ingeniero aeronáutico, preferiblemente con experiencia. Nótese la palabra preferiblemente. El caso es que, llegado el día de la entrevista, había un joven que participaba en una dinámica de grupo con otros seis candidatos dentro del proceso final de selección. Para cuando finalizó el ejercicio, el joven ya tenía claro que todos cuantos habían participado le superaban con creces en experiencia. Evidentemente no era competencia para ellos. “Lo llevo crudo”, pensó. Sin embargo, al final del día le informaron que el trabajo era suyo. Incrédulo pregunto que cómo era posible, si los otros tenían más experiencia que él. La empresa puede enseñarle todo lo que necesita saber para el puesto – le dijeron – pero no podemos enseñarle a ser cómo usted es.

Vale, a lo mejor la historia me la he inventado. ¿Pero entienden mi punto de vista? Lo cierto es que cada vez más las empresas dan mayor importancia a la forma de ser de las personas que pasan a formar parte de su equipo. Actitud positiva, laboriosidad, honestidad, entusiasmo, respeto, buenas maneras, compañerismo, autonomía, fiabilidad y tantas otras características personales que, no solamente contribuyen a mejorar el entorno laboral, sino que añaden valor a la empresa, contagiando a los clientes internos y externos de la misma.

Lo bueno de todo esto es que hasta en estas cosas podemos mejorar – algunos somos caso perdido – para que nuestras actitudes y características personales sean percibidas como un valor añadido seguro. Nos harán destacar. Esto, junto con una buena formación academia, nos ayudara a compensar las lagunas de la inexperiencia, o donde no lleguemos técnicamente, siendo un gran apoyo durante toda nuestra vida profesional e incluso personal.

Francisco J. Olivero Cabezuela

MBA Online. EEN España

La PYME, ¿futuro o utopía?

A nadie se le escapa que la salida de esta ignominiosa crisis, sólo tiene una posible vía de escape, y ésta es sin lugar a dudas a través de las empresas. E l caso de nuestro país, a este respecto, es bastante singular.

El universo empresarial español está excesivamente fragmentado. Según el último informe de la Dirección General de Política de la Pequeña y Mediana Empresa, el 99,88% de las 3.350.972 empresas españolas son PYMES. Es decir, sólo el 0,12% de las empresas españolas tiene más de 250 trabajadores. Pero no sólo eso, de ese 99,88%, el 52,69%, corresponden a empresarios  sin asalariados. Desde mi punto de vista, este dato es desolador, y pone de manifiesto uno de los grandes problemas de nuestra economía: la competitividad. Cifras todas por encima de la media europea.

Dejando a un lado, los problemas coyunturales actuales, dibujados en una asfixiante falta de liquidez en la PYME, por el estrangulamiento del acceso al crédito, negado día sí y día también por las entidades bancarias, que suficiente tienen con resolver los problemas que tienen como para dar más créditos, los problemas de la PYME española, van más allá.

Parece evidente, que para que se ponga en marcha la recuperación económica, es imprescindible que se dé un fuerte empujón a la creación de empleo, uno de los lastres fundamentales que arrastramos a día de hoy. Pero, analicemos con detalle cuales son los problemas fundamentales de la PYME española.

La figura del empresario en España ha sido tradicionalmente denostada, y es una de las causas de que el tejido empresarial español, esté formado en su mayoría por PYME. La vocación empresarial del español medio durante lustros ha sido más bien escasa y tenemos culturalmente aversión al riesgo. Por si esto fuera poco, por lo general, la formación de nuestros empresarios no siempre es la más adecuada.

El perfil típico del empresario español, es el del profesional en su sector, que poco a poco, y a base de realizar su oficio de la mejor manera posible, ha ido ampliando su negocio y contratando gente. En la mayoría de las ocasiones, la ampliación de personal, siempre se ha realizado desde la perspectiva profesional, es decir, contratando a más gente que ayudara en las funciones específicas del oficio, casi siempre desentendiéndose de tareas directivas, de liderazgo y de organización. Sólo en organizaciones, en las que la carga “staff” comenzaba a ser demasiado grande el empresario comenzaba a tomar cartas en el asunto y empezaba a contratar personal para estos menesteres, aunque en la mayoría de las ocasiones, esta parte se externalizaba.

Esta organización, eminentemente orientada a la producción, fase de desarrollo en la que se encuentran la mayoría de las empresas españolas, es una forma de poner vallas al campo, de limitar el desarrollo, la capacidad de crecimiento, motivado, en gran medida por la falta de conocimientos empresariales.

Mientras la economía nacional sonreía, y todo iba viento en popa, se despachaba y no se vendía, no había apenas problemas que solventar, más allá de los intrínsecos de la gestión de personal o de la propia naturaleza del negocio. Pero cuando el entorno dejó de empujar, las empresas que no aprovecharon los momentos de bonanza para mejorar su estructura, han sufrido y siguen sufriendo continuos reveses. Falta, por no decir ausencia, de estructura comercial, organizativa, formación, estratégica… ¿Cuánto vamos a vender el año que viene? ¿Cuánta gente vamos a necesitar el año que viene? ¿Qué objetivos tenemos para el año que viene? ¿Cuántos cursos vamos a dar a nuestros empleados el próximo año? Estas preguntas, no se las hacen las mayoría de nuestros empresarios, y son sólo un pequeño ejemplo de la profundidad del problema.

No es necesario tener un Master en Harvard, desde luego siempre ayuda, para dirigir una pequeña empresa, pero si unas nociones básicas fundamentales que permitan sentar las bases del funcionamiento de cualquier empresa. Si los gobiernos no nos van a sacar de las crisis (ni de esta lo harán, como o lo hicieron en las anteriores, ni lo harán en las siguientes) por lo menos, que no pongan zancadillas en el camino, y ayuden al empresario, que pone en juego su patrimonio, a sacar su negocio adelante mediante planes de formación, de desarrollo, de subvención, de ayudas…

Posiblemente, bueno, decir posiblemente, sería faltar a la verdad. Existen planes encaminados a este fin, pero el conocimiento de los mismos es mínimo, y sólo el empresario avispado, el que no tiene problemas estructurales porque ya se ha dado cuenta de que si no era competitivo los tendría, sabe de su existencia. Con un tejido empresarial tan fragmentado, es necesaria la existencia de planes sectoriales con más divulgación, ya que la unión entre las empresas españolas para crear un frente común parece tan complicada.

El Ministerio de Industria y Comercio, a través de su portal PYME (www.ipyme.org) ha dado un paso al frente y tiene en marcha varias acciones al respecto, pero el modelo se muestra aún insuficiente. Las Cámaras de Comercio, siempre han sido un referente en formación y en dar nuevas oportunidades a nuestros empresarios, pero ahora se ven lastradas por un déficit de ingresos motivados por la nueva legislación.

¿Cuál es nuestro futuro? Si no superamos el lastre de la baja competitividad, difícilmente pondremos nuestro país en la órbita que se merece. Es cierto, que ahora el problema del acceso al crédito está suponiendo un lastre, en la mayoría de los casos insuperable, al crecimiento y desarrollo de nuestras empresas pero, superado ese bache, que se supone ha de ser coyuntural y limitado en el tiempo, si no resolvemos los problemas internos de nuestro entramado empresarial y del funcionamiento de nuestras PYMES no remontaremos el vuelo.

Esta crisis ha puesto en evidencia los problemas de base de la empresa española. Aprovechemos la oportunidad para corregirlos y dar un salto cualitativo y cuantitativo que nos permita no sólo mantener nuestras empresas en el tiempo, sino que crezcan y se desarrollen.

David Álvarez

MBA ONLINE. EEN España

UNA BREVE REFLEXIÓN PERSONAL SOBRE EL MERCADO DE TRABAJO EN ESPAÑA.

Cuando uno analiza el mercado de trabajo en España, pronto comprende que son muchos los cambios que se han producido y que están por producirse. Y la palabra cambio en este contexto no es necesariamente sinónimo de transformación sino más bien de deterioro y menoscabo en algunos casos, y de necesidad y obligación en otros. La línea que separa el cambio en uno y otro sentido es sencillamente temporal: lo mal hecho –vía acción u omisión– y lo que está por hacer (y por favor, que se haga).

Nadie me negará que España recientemente ha protagonizado una de las etapas más brillantes de su historia económica. Pero tampoco creo que tengáis objeciones a la declaración de intenciones que pretendo hacer con esta reflexión que publico en el blog que estáis leyendo y que no deja de ser un mea culpa en voz bien alta (y que considero deberíamos hacer todos con sensatez): la gravedad de la situación que vivimos en la actualidad no es solo el fruto de la desoladora crisis que azota todas las sociedades del mal llamado “primer mundo”. Hay algo más.

Por ello creo que sería interesante aprovechar nuestra “privilegiada” condición de observadores de la desgracia en casa propia para efectuar un análisis en profundidad de los condicionantes que han motivado lo que ya podemos denominar como una imparable destrucción de empleo. ¿Por qué el efecto corrector del terremoto financiero se ha implantado en nuestro mercado laboral, mediante el fusilamiento indiscriminado de tantos puestos de trabajo? ¿La corrección del ciclo pasa por el menoscabo del factor empleo? ¿Lo hace en todos los casos o solo en el de España?

La verdad es que estas preguntas son difíciles de resolver con la reflexión de un único individuo (yo), en una plataforma como ésta (un blog), y con los medios de los que en mi posición de ciudadana “común” puedo disponerm al margen de los conocimientos jurídicos que pueda ostentar como abogado –¿o abogada?–. Ahora bien, se me ocurren algunas ideas que espero, me ayudéis a poner en claro.

Creo firmemente que nuestro sistema de relaciones laborales representa un modelo inflexible, superado, anquilosado y obsoleto, que no es capaz de responder a las exigencias de la evolución –por otro lado, lógica e inevitable– de los mercados en particular, de la economía  en general y de la sociedad sobre la que, en último término, recae. Que tiene en cuenta a unos actores que no sólo han cambiado en su aspecto cuantitativo sino que, lo más importante, no son los mismos cualitativamente; y que, por supuesto, perjudica la capacidad competitiva de nuestras empresas y a la propia fuerza productiva de España en tanto suma de todas ellas y como país.

Considero que nuestro modelo de contratación laboral es profundamente rígido. Ha motivado el nacimiento de dobles escalas salariales y de una dualidad manifiesta en la contratación en sectores especialmente sensibles a la desprotección (jóvenes, discapacitados, mayores, no cualificados). Pero es que tampoco ha acompañado el buen fin de las medidas económicas adoptadas por el Gobierno frente a la recesión –es más, creo que las ha entorpecido–. Ahora bien, ¿os parece descabellado afirmar que nosotros  –empresarios y trabajadores– hemos desvirtuado –quizá por abuso–, las causas de despido que motivan la extinción de los contratos de trabajo en una auténtica generalización de la improcedencia como causa y no como excepción? Yo creo que no. Esto, amigos, nos sitúa muy lejos de los parámetros de competitividad europeos.

Todo ello sin perjuicio de que hemos olvidado por completo a nuestras PYMES. ¿Pero de verdad tiene sentido que sean idénticas las normas que regulan la relación laboral de un empleado de Telefónica que las que regulan el día a día del chaval que nos vende el pan los domingos por la mañana? Bueno, tampoco es para tanto, las PYMES sólo representan aproximadamente el 90% de nuestras empresas y además, sólo emplean al 70% de nuestros trabajadores…

Y ¿qué decir de un fenómeno que ya tiene denominación  propia en nuestro país pero que no debió ser nombrado jamás, como es la “fuga de talentos”? Sin trabajadores formados es prácticamente imposible prosperar, pero ni la legislación en materia de educación (que es cuestión a parte) ni el sistema de formación que ofrecen los agentes de empleo (por tratarlo de un modo respetuoso y no  referirme a ello como la “antipolítica” activa de empleo) garantizan que los jóvenes permanezcamos en un país sin expectativas aparentes.

Bueno, en fin, siempre podemos sentirnos indispuestos sólo por pensarlo y a la mañana siguiente no acudir a nuestro puesto de trabajo. Total, el índice de absentismo en España no es insultante y siempre nos quedaran los complementos a la prestación por incapacidad temporal que nos reconoce el convenio colectivo de turno. Claro, que esto siempre será mucho mejor que proponer alguna fórmula de “teletrabajo” en nuestra empresa. ¡Pero qué poca vergüenza! ¡Intentar compatibilizar nuestra vida familiar con la profesional! Aunque os digo una cosa, es lógico que con un crecimiento cero –o negativo– de la economía y mi incremento salarial en el entorno del 3%, mi jefe esté así de enfadado…esquizofrenia, me parece que lo llamaban.

En fin, solo nos queda esperar a que los sindicatos nos negocien de nuevo el convenio, que con algo de suerte solo lleva dos años caducado y ya no tiene actividad, tiene “ultraactividad”. Curioso, ultraactividad es la que tenemos que llevar todos a cabo para no quedarnos en el paro con los tiempos que corren. ¡Ánimo a todos!

Alma Ezcurra

MBA ONLINE. EEN España

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